La Peste Negra
Les propongo leer el siguiente artículo periodístico que pueden encontrar en el siguiente link:https://www.bbc.com/mundo/noticias-52957103 (abajo de la actividad se adjunta la noticia periodística por si no pueden acceder al link) y a continuación
respondan:
1.-¿Qué fue la peste negra?
2.-¿Por qué les parece que se propagó en todo el continente?
3.-¿Qué consecuencias trajo
la peste negra tanto para la sociedad como para la economía feudal?
¿y respecto del poder político?
4.Marca puntos en común y diferencias entre la peste negra y
el coronavirus.
5.- Para darle un cierre les propongo que realicen
una infografía digital sobre lo leído, para ello pueden consultar las
siguientes páginas: https://www.guioteca.com/educacion-para-ninos/como-elaborar-infografias-aprende-paso-a-paso/;
https://www.canva.com/es_mx/aprende/que-es-una-infografia-como-se-hace/.
Podrán subir la infografía compartiendo un archivo drive, les dejo un tutorial sobre su uso: https://youtu.be/G1qMhesHagk
FECHA DE PRESENTACIÓN MARTES 11 DE AGOSTO
NOTICIA PERIODÍSTICA
Coronavirus
l De los Medici tras la Peste Negra a Amazon con el covid-19: cómo las
pandemias impulsan a las megacorporaciones
En junio de 1348, los ciudadanos de Inglaterra
comenzaron a tener síntomas misteriosos. Al principio eran leves y difusos:
dolor de cabeza, malestar general y náuseas.
A esto le siguieron la aparición de dolorosos bultos
negros, o bubones, que crecían en las axilas y la ingle, lo que le dio nombre a
la enfermedad: peste bubónica.
La última etapa de la infección era una fiebre alta y
luego la muerte.
Originada en Asia Central, los soldados y las
caravanas habían llevado la bacteria que la provocaba, Yersina pestis, y que
portaban las pulgas que vivían en ratas, a los puertos del Mar Negro.
El comercio de mercancías por el Mediterráneo provocó
la rápida transmisión de la peste, por medio de los buques mercantes que
llegaron primero a Italia y luego a toda Europa.
La Peste Negra mató entre un tercio y la mitad de la
población de Europa y Medio Oriente.
Este gran número de muertes fue acompañado por la
devastación económica general.
Dado que un tercio de la fuerza laboral había muerto,
las cosechas se quedaron sin recoger y las consecuencias para las comunidades
que vivían de ellas fueron devastadoras.
Uno de cada 10 pueblos de Inglaterra al igual que
muchos de la Toscana y otras regiones de Italia, desapareció y nunca se volvió
a fundar.
Las casas se volvieron ruinas y quedaron cubiertas de
hierba y tierra. Solo las iglesias quedaron en pie.
Así que, si alguna vez te encuentras con una iglesia
o capilla solitaria en medio del campo, es probable que lo que estés viendo
sean los últimos restos de una de las aldeas perdidas de Europa.
La experiencia traumática de la Peste Negra, que mató
quizás al 80% de los que se infectaron, llevó a muchas personas a escribir para
buscar sentido a lo que habían vivido.
En Aberdeen, John de Fordun, un cronista escocés,
registró que:
"La enfermedad afectó a todos, pero
especialmente a las clases medias y bajas, rara vez a los nobles".
"Generaba tal horror que los niños no se
atrevían a visitar a sus padres moribundos, ni los padres a sus hijos, sino que
huían por miedo al contagio como de la lepra o de una serpiente".
Estas líneas casi podrían haberse escrito hoy.
Aunque la tasa de letalidad del covid-19 es mucho más
baja que la de la Peste Negra, las consecuencias económicas han sido severas
debido a la naturaleza globalizada y altamente integrada de las economías
modernas.
Y como a esto se le ha sumado la movilidad de la
población, la pandemia se ha extendido por todo el mundo en cuestión de meses,
no años.
Mano de obra
Aunque la Peste Negra provocó daños económicos a
corto plazo, las consecuencias a largo plazo fueron menos obvias.
Antes de que empezara a extenderse, hacía siglos que
el crecimiento demográfico había provocado un excedente de mano de obra, que
fue reemplazada abruptamente por una escasez de mano de obra cuando murieron
muchos siervos y campesinos libres.
Los historiadores han argumentado que esta escasez de
mano de obra permitió a los campesinos que sobrevivieron a la pandemia exigir
mejores salarios o buscar empleo en otros lugares.
A pesar de la resistencia de los gobiernos, la
epidemia erosionó el sistema feudal.
Pero otra consecuencia de la Peste Negra fue el
surgimiento de emprendedores ricos y el estrechamiento de lazos entre gobiernos
y el mundo de los negocios.
Aunque la enfermedad causó pérdidas en el corto plazo
para las compañías más grandes de Europa, en el largo concentraron sus activos
y se quedaron con una mayor participación en el mercado, al tiempo que
incrementaron su influencia en los gobiernos.
Esto tiene fuertes paralelismos con la situación
actual en muchos países del mundo.
Aunque las pequeñas empresas dependen del apoyo del
gobierno para evitar colapsar, muchas otras, principalmente las más grandes o
las que hacen entregas a domicilio, se están beneficiando generosamente de las
nuevas condiciones de mercado.
La economía de mediados del siglo XIV y la actual son
demasiado diferentes en tamaño, velocidad e interconexión para hacer
comparaciones exactas.
Pero ciertamente podemos ver paralelismos con la
forma en que la Peste Negra fortaleció el poder del Estado y aceleró el dominio
de los mercados clave por parte de un puñado de megacorporaciones.
El negocio
de la muerte
La pérdida repentina de al menos un tercio de la
población de Europa no condujo a una redistribución uniforme de la riqueza para
todos los demás.
En cambio, la gente respondió a la devastación
manteniendo el dinero dentro de la familia.
Al mismo tiempo, el declive del feudalismo y el
surgimiento de una economía basada en los salarios tras las demandas campesinas
para obtener mejores condiciones laborales beneficiaron a las élites urbanas.
El pago en efectivo, en lugar de en especie (en la
concesión de privilegios como el derecho a recoger leña), significaba que los
campesinos tenían más dinero para gastar en las ciudades.
Esta concentración de riqueza aceleró en gran medida
una tendencia preexistente: la aparición de empresarios mercantiles que
combinaron el comercio de bienes con su producción en una escala disponible
solo para aquellos con importantes sumas de capital
Por ejemplo, la seda, una vez importada de Asia y
Bizancio, ahora se producía en Europa.
Los ricos comerciantes italianos comenzaron a abrir
talleres de seda y tela.
Estos empresarios estaban en una posición única para
responder a la repentina escasez de mano de obra causada por la Peste Negra.
A diferencia de los tejedores independientes, que
carecían de capital, y a diferencia de los aristócratas, cuya riqueza provenía
de las tierras, los empresarios urbanos podían usar su capital líquido para
invertir en nuevas tecnologías, compensando la pérdida de trabajadores con
máquinas.
En el sur de Alemania, que se convirtió en una de las
áreas con más comercio de Europa a finales de los siglos XIV y XV, compañías
como Welser (que más tarde dirigió a Venezuela como una colonia privada)
combinaron el cultivo del lino con la posesión de los telares.
En esos telares se trabajaba el lino para producir
una tela que luego vendía la empresa.
Tras la Peste Negra, en los siglos XVI y XV la
tendencia fue que unas pocas corporaciones concentraran todos los recursos:
elcapital, las habilidades y la infraestructura.
La era de
Amazon
Avanzando hasta el presente, hay algunas similitudes
claras.
Ciertas grandes organizaciones han aprovechado las
oportunidades que brinda la pandemia del covid-19.
En muchos países pequeños restaurantes, pubs y
tiendas han cerrado repentinamente.
El mercado de alimentos, la venta minorista general y
el entretenimiento se hanvuelto digitales, y el efectivo prácticamente ha
desaparecido.
Con los restaurantes cerrados, gran parte de ese
suministro de comidas ha sido absorbido por las cadenas de supermercados.
Estas tienen muchas superficies de venta y mucho
personal, además de la capacidad de acelerar las contrataciones, y en un
momento en el que mucha gente se ha quedado sin empleo.
También cuentan con almacenes, camiones y una
capacidad logística compleja.El otro gran ganador han sido los gigantes del
comercio minorista online, como Amazon, que cuenta con servicios de venta de
alimentos en Estados Unidos, India y muchos países europeos.
Las tiendas a pie de calle han sufrido durante años
la competencia por los precios y la conveniencia de internet, por lo que las
noticias de cierres y bancarrotas se han vuelto habituales.
Empresas al
alza
Ahora, gran parte del espacio comercial "no
esencial" está cerrado, y nuestros deseos solo se pueden cumplir a través
de Amazon, eBay, Argos, Screwfix y otros.
Ha habido un claro aumento de las compras online, y
los analistas se preguntan si este es un giro definitivo en el mundo virtual y
demuestra un mayor dominio de las grandes corporaciones.
La industria del entretenimiento en streaming, un
sector de mercado dominado por grandes corporaciones como Netflix, Amazon Prime
(nuevamente), Disney y otros, nos mantiene distraídos mientras esperamos en
casa nuestros paquetes.
Otros gigantes en línea como Google (que posee
YouTube), Facebook (que posee Instagram) y Twitter proporcionan las otras
plataformas que dominan el tráfico en internet.
El último eslabón de la cadena son las propias
empresas de entrega: UPS, FedEx, Amazon Logistics (nuevamente), así como la
entrega de alimentos de Just Eat y Deliveroo.
A través de sus modelos comerciales, sus plataformas
ahora dominan el transporte de productos de todo tipo.
El otro giro hacia el dominio corporativo ha sido la
caída del uso de efectivo, respaldado por los gobiernos que animan los
servicios de pago sin contacto.
Obviamente, esto ayuda a las plataformas online, pero
también significa que el dinero se mueve a través de grandes corporaciones que
se encargan de ello.
Visa y Mastercard son los actores más importantes,
pero Apple Pay, PayPal y Amazon Pay (nuevamente) han visto aumentos en el
volumen de sus transacciones, ya que el efectivo permanece sin usarse en los
bolsillos de los ciudadanos.
Y mientras se crea que el efectivo es un vector de
transmisión del covid-19, los minoristas no lo recibirán y los clientes no lo
usarán.
Las pequeñas empresas han recibido un golpe realmente
decisivo en una amplia gama de sectores, ya que el coronavirus, como la Peste
Negra en su momento, ha provocado que las grandes corporaciones ganen cuota de
mercado.
Incluso aquellos que trabajan en casa están usando
Skype (propiedad de Microsoft), Zoom y BlueJeans, además de computadoras
portátiles fabricadas por un pequeño número de organizaciones globales.
Los multimillonarios se vuelven más ricos mientras
que la gente común pierde sus trabajos.
La riqueza de Jeff Bezos, el director ejecutivo de
Amazon, ha aumentado en US$25.000 millones desde el comienzo del año.
Pero esta no es toda la historia.
La otra gran tendencia en la respuesta al virus ha
sido el fortalecimiento del poder del Estado.
Pandemias
de gobierno
A nivel estatal, la Peste Negra provocó la
aceleración de la centralización, la subida de impuestos y la dependencia
gubernamental de las grandes empresas.
En Inglaterra, la disminución del valor de la tierra
y la consecuente caída en los ingresos llevaron a la Corona, el mayor
terrateniente del país, a intentar limitar los salarios a los niveles previos a
la Peste Negra con el Estatuto de los Trabajadores de 1351, y a imponer
impuestos adicionales a la población.
Anteriormente, los gobiernos se financiaban solos e
establecían impuestos para gastos extraordinarios como las guerras.
Pero los impuestos
instaurados tras la Peste Negra sentaron un precedente importante para la
intervención del gobierno en la economía.
Estos esfuerzos gubernamentales resultaron en un
aumento significativo de la participación de la Corona en la vida cotidiana.
En los brotes de peste posteriores, que ocurrieron
cada 20 años más o menos, el movimiento de las poblaciones se restringió
mediante toques de queda, prohibiciones de viaje y cuarentenas.
Esto hizo que el estado
concentrara aún más poder y reemplazara la distribución regional de autoridad
con una burocracia centralizada.
Muchos de los hombres que dirigían la administración
después de la peste, como el poeta Geoffrey Chaucer, provenían de familias
mercantes inglesas, algunas de las cuales obtuvieron poder político.
El ejemplo más destacado de esto fue el de la familia
De la Pole, que en dos generaciones pasó de ser comerciante de lana a ostentar
el título del condado de Suffolk.
Con el colapso temporal del comercio y las finanzas
internacionales después de la Peste Negra, Richard de la Pole se convirtió en
el mayor prestamista de la Corona y un íntimo amigo de Ricardo II.
Cuando las megaempresas italianas reaparecieron a
finales de los siglos XIV y XV, también se beneficiaron de la dependencia cada
vez mayor de la corona de las empresas comerciales.
La familia Medici, que finalmente llegó a gobernar
Florencia, es el ejemplo más llamativo.
Los comerciantes también obtuvieron influencia
política mediante la compra de tierras, cuyo precio había caído después de la
Peste Negra.
Ser propietarios de terrenos les permitió convertirse
en nobles y aristócratas, y casar a sus hijos con los vástagos de los señores
con problemas de liquidez.
Con su nuevo estatus y con la ayuda de influyentes
suegros, las élites urbanas obtuvieron representación política en el
Parlamento.
A finales del siglo XIV, el control estatal por parte
del gobierno y sus estrechos lazos con las compañías mercantiles llevaron a
muchos nobles a volverse contra Ricardo II.
Transfirieron su lealtad a su primo, quien se
convirtió en Enrique IV, con la (vana) esperanza de que no seguiría las
políticas de Ricardo.
Esto y las posteriores Guerras de las Rosas fueron
impulsadas en parte por la hostilidad de la nobleza hacia la centralización del
poder del gobierno.
La derrota de Enrique a Ricardo III en 1485 terminó
no solo con la guerra, sino que anuló cualquier intento por parte de la nobleza
inglesa de recuperar la autoridad regional, allanando el camino para el
continuo crecimiento de las corporaciones y el gobierno central.
El estado en el que estamos
El poder del Estado es algo que asumimos en gran
medida en el siglo XXI.
En todo el mundo, la idea de la nación soberana ha
sido central en la política y la economía imperial de los últimos siglos.
Pero a partir de la década de 1970, se hizo común
entre los intelectuales sugerir que el Estado era menos importante, su
monopolio del control del territorio empezó a ser disputado por las
corporaciones multinacionales.
En 2016, de las 100 entidades económicas más grandes,
31 eran países y 69 eran empresas.
Walmart era más grande que la economía de España,
Toyota más grande que la de India.La capacidad de estas grandes empresas para
influir en políticos y reguladores ha sido suficientemente clara: no hay más
que fijarse en el rol de las compañías petroleras en la negación del cambio
climático.
Y que Margaret Thatcher, quien fuera primera ministra
del Reino Unido de 1979 a 1990, declarara que tenía la intención de "hacer
retroceder al Estado" también trajo cambios.
Desde entonces, cada vez más activos que solían ser
de propiedad estatal empezaron a ser operados como compañías o como jugadores
privados en un mercado regulado por el Estado.
Aproximadamente el 25% del Servicio Nacional de Salud
del Reino Unido, por ejemplo, tiene contratos con el sector privado.
En todo el mundo, el transporte, los servicios
públicos, las telecomunicaciones, los dentistas, los ópticos, la oficina de
correos y muchos otros servicios solían ser monopolios estatales y ahora están
a cargo de empresas.
A menudo se oye que las industrias nacionalizadas o
de propiedad estatal son lentas y que necesitan la disciplina de mercado para
ser más modernas y eficientes.
Pero gracias al coronavirus, el Estado ha regresado
nuevamente como un tsunami.
Su gasto se ha dirigido a los sistemas nacionales de
salud, ha abordado los problemas de la falta de vivienda, ha proporcionado
ingresos básicos universales para millones de personas y ofrecido garantías de
préstamos o pagos directos a una gran cantidad de empresas.
Esta es la economía keynesiana a gran escala, en la
que los bonos nacionales se utilizan para pedir prestado dinero respaldado por
los futuros impuestos de los contribuyentes.
Las ideas sobre el equilibrio del presupuesto parecen
ser, por ahora, historia, dado el número de industrias que dependen de los
rescates públicos.
Los políticos de todo el mundo se han convertido
repentinamente en intervencionistas, utilizando metáforas de tiempos de guerra
para justificar el gasto gigantesco.
Tampoco se habla mucho de la asombrosa restricción de
las libertades personales. La autonomía del individuo es fundamental para las
ideas neoliberales.
Los "pueblos amantes de la libertad"
contrastan con aquellos que viven sus vidas bajo el yugo de la tiranía, de
Estados que ejercen poderes de vigilancia como en un Gran Hermano sobre el
comportamiento de sus ciudadanos.
Sin embargo, en los últimos meses, Estados de todo el
mundo han restringido el movimiento para la gran mayoría de las personas y
están utilizando la policía y las fuerzas armadas para evitar aglomeraciones en
los espacios públicos y privados.
Los teatros, bares y restaurantes están cerrados.
También los parques e incluso sentarse en los bancos
puede conllevar una multa, lo mismo que correr demasiado cerca de alguien.
Un rey medieval habría quedado impresionado con este
nivel de autoritarismo.
El poder del Estado ahora se está ejerciendo de
formas que no se habían visto desde la Segunda Guerra Mundial, y ha habido un
amplio apoyo público a ello.
Resistencia popular
Para volver a la Peste Negra, el crecimiento de la
riqueza y la influencia de los comerciantes y las grandes empresas agravaron
seriamente el sentimiento antimercantil que ya había.
El pensamiento medieval, tanto intelectual como
popular, sostenía que el comercio era moralmente sospechoso y que los
comerciantes, especialmente los ricos, eran propensos a la avaricia.
La Peste Negra se interpretó ampliamente como un
castigo de Dios por el pecado de Europa, y muchos escritores posteriores a la
epidemia culparon a la Iglesia, los gobiernos y las empresas adineradas por el
deterioro moral de la cristiandad.
El famoso poema de protesta de William Langland,
Piers Plowman("Pedro, el labrador"), era fuertemente
antimercantilista.
Otras obras, como el poema de mediados del siglo XV,
la Libelle de Englysche Polycye, toleraban el comercio pero lo quería en manos
de los comerciantes ingleses y fuera del control de los italianos, que según el
autor empobrecían al país.
A medida que los siglos XIV y XV avanzaron y las
corporaciones ganaron una mayor participación en el mercado, creció la
hostilidad popular e intelectual. A largo plazo, esto tendría resultados
incendiarios.
Ya en el siglo XVI, la concentración del comercio y
las finanzas en manos de las corporaciones se había convertido en un monopolio
cercano a la banca real y papal.
Estas compañías también tenían el monopolio o casi
sobre las principales materias primas de Europa, como la plata, el cobre y el
mercurio, e importaciones de Asia y las Américas, especialmente especias.
Martín Lutero (el teólogo que impulsó la reforma
religiosa en Alemania y en cuyas enseñanzas se inspiró la Reforma protestante)
estaba indignado por esta concentración y especialmente por el monopolio de la
Iglesia católica.
En 1524, publicó un tratado argumentando que el
comercio debía llevarse a cabo en nombre del bien común (alemán) y que los
comerciantes no debían cobrar precios altos por sus productos.
Junto con otros escritores protestantes, como Philip
Melancthon y Ulrich von Hutten, Lutero apuntó al sentimiento antimercantil
existente para criticar la influencia de las empresas sobre el gobierno,
agregando injusticia financiera a su llamado a la reforma religiosa.
El famoso sociólogo Max Weber asoció el
protestantismo con la aparición del capitalismo y el pensamiento económico
moderno.
Pero los primeros escritores protestantes se
opusieron a las corporaciones multinacionales y a la comercialización de los
insumos básicos, apuntando al sentimiento anticomercial que tuvo sus raíces en
la Peste Negra.
Esta oposición popular y religiosa eventualmente
condujo a la ruptura con Roma y la transformación de Europa.
¿Es lo pequeño siempre bueno?
En el siglo XXI nos hemos acostumbrado a la idea de
que las empresas capitalistas producen concentraciones de riqueza.
Ya sean industriales victorianos, aristocracia,
ladrones estadounidenses o multimillonarios punto com, las desigualdades
generadas por las empresas y capacidad para corromper gobiernos han dado forma
al debate sobre el comercio desde la revolución industrial.
Para los más críticos, las grandes empresas a menudo
se han caracterizado por ser despiadadas.
Un gigante que aplasta a la gente común bajo las
ruedas de sus máquinas o extrae vampíricamente las ganancias del trabajo de las
clases trabajadoras.
Como hemos visto, el debate entre las pequeñas
empresas locales y aquellos que favorecen a las corporaciones y el poder del
Estado se remonta a muchos siglos atrás.
Los poetas románticos y los radicales lamentaron la
forma en que los "molinos satánicos oscuros" estaban destruyendo el
campo y produciendo personas que no eran más que apéndices de las máquinas.
La idea de que el artesano honesto estaba siendo
reemplazado por el empleado enajenado, un esclavo asalariado, es común tanto
para los críticos nostálgicos como para los progresistas del capitalismo
temprano.
En la década de los 60, la fe en los negocios locales
combinada con las sospechas sobre las corporaciones y el estado han dado lugar
a movimientos verdes como Occupy o Extinction Rebellion.
Consumir alimentos locales, usar dinero local e
intentar aumentar el poder adquisitivo de las "instituciones ancla"
como hospitales y universidades hacia pequeñas empresas sociales se ha
convertido en el sentido de muchos activistas económicos contemporáneos.
Pero la crisis del covid-19 cuestiona que esto de que
"lo pequeño es bueno y lo grande malo" de algunas maneras muy
fundamentales.
La organización a gran escala parece ser necesaria
para lidiar con la gran variedad de problemas que ha generado el virus, y los
estados que parecen haber tenido más éxito son aquellos que han adoptado las
formas más intervencionistas de vigilancia y control.
Incluso el poscapitalista más ardiente tendría que
reconocer la incapacidad de las pequeñas empresas sociales para equipar un
hospital gigantesco en unas pocas semanas.
Y aunque hay muchos ejemplos de empresas locales que
se dedican a la entrega de alimentos, y una cantidad encomiable de ayuda
ciudadana llevándose a cabo, la población de los países occidentales está
siendo alimentada en gran medida por cadenas de supermercados con operaciones
logísticas complejas.
Después del coronavirus
El resultado a largo plazo de la Peste Negra fue el
fortalecimiento del poder de las grandes empresas y el estado. Los mismos
procesos están durante las cuarentenas del coronavirus y de forma mucho más
rápida.
Pero debemos ser cautelosos con las lecciones
históricas fáciles.
La historia nunca se repite realmente.
Las circunstancias de cada época son únicas, y
simplemente no es aconsejable asumir las "lecciones" de la historia
como experimentos que prueban ciertas leyes generales.
El coronavirus no matará a un tercio de ninguna
población, por lo que aunque sus efectos son profundos, no provocarán la misma
escasez de trabajadores. En todo caso, en realidad ha fortalecido el poder de
los empleadores.
La diferencia más profunda es que la provocada por el
virus coincide con otra crisis, la del cambio climático.
Existe un peligro real de que las políticas de
recuperación de la economía simplemente se pongan por encima de la necesidad de
reducir las emisiones de carbono.
Este es el escenario de pesadilla, uno en el que
covid-19 es solo una precuela de algo mucho peor.
Pero las enormes movilizaciones de personas y dinero
que los gobiernos y las corporaciones han desplegado también muestran que las
grandes organizaciones pueden reformarse a sí mismas y al mundo
extraordinariamente rápido si lo desean.
Esto brinda verdaderos motivos para el optimismo con
respecto a nuestra capacidad colectiva para rediseñar la producción de energía,
el transporte, los sistemas alimentarios y mucho más: el nuevo acuerdo
ecológico que muchos responsables de políticas han estado patrocinando.
La Peste Negra y el covid-19 parecen haber causado la
concentración y centralización de los negocios y el poder del Estado.
Es interesante conocer esto.
Pero la pregunta más importante es si estas fuerzas
pueden ayudar a luchar contra la crisis que se avecina.
*Eleanor Russell es doctora en Historia en la
Universidad de Cambridge y Martin Parker es profesor en la Universidad de
Bristol, ambos en Reino Unido.
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